¡Pide a la Virgen que ascienda!

  La Deportiva se trajo de Alicante un condenado resultado que no la condena definitivamente pero sí la obliga a exprimir hasta el límite de sus fuerzas toda la capacidad futbolística que pueda ofrecer. Sobre el césped del Rico Pérez, de tan grato recuerdo, los aficionados alicantinos dieron rienda suelta a su alegría pensando que esta vez sí que su equipo promocionaría a la división superior. Olvidaron que no se cambia de categoría de la noche a la mañana y tampoco tuvieron en cuenta que aún restaban por disputarse noventa minutos en un escenario de leyenda, El Toralín de Ponferrada.

   Ponferrada rima con remontada de la misma manera que “Alicante, Cultural de Levante”. Una afición que año tras año contempla lo difícil que es cumplir el objetivo más buscado debería saber que el tiempo que dura un partido de fútbol es como una vida en miniatura en la que todo puede pasar, y que sólo cuando tu equipo ha ascendido es momento de encender la mecha de los fuegos artificiales. En Ponferrada lo sabemos desde que un jugador con nombre bíblico, Esaú, nos apeó de otro play off luctuoso, a las primeras de cambio y cuando menos lo esperábamos. Conocedor de la extrema dificultad que entraña la empresa de la remontada pero sabiendo que no es imposible, el entorno blanquiazul se encomienda a las fuerzas sobrenaturales para conjurar el sombrío panorama este 15 de junio de 2008.

   La Virgen de la Encina fue coronada patrona de El Bierzo hace cien años. La Morenica está siendo llevada en procesión por todos los municipios bercianos para que los hijos de esta bendita comarca le rindan tributo y pleitesía. Aún no está prevista su llegada a la capital, pero quizá convendría traerla urgentemente no ya a la ciudad sino a la Ponferradina misma para que nos ayudase a conseguir un ascenso que cabría calificar como milagroso. A ella apelamos hace un bienio y su mano bondadosa se posó en Fran para imponernos a un equipo que ahora cuenta nuevamente con el tiempo y el marcador a su favor.

   En aquella ocasión hacía falta un gol pero actualmente harán falta tres como mínimo, de tal forma que se antoja necesario invocar también a la Virgen de la Aquiana, semidesconocida protectora que siempre mima El Bierzo desde su cumbre mítica y perfecta, montaña que ya era una deidad antes de que el Cristianismo calase en estos pagos. En realidad, la Virgen de la Aquiana, hermana de la de la Encina, ha presidido y seguirá presidiendo todos los partidos de la Ponferradina desde su palco, unas veces cubierto de nieve y otras de un verde que con solo mirarlo sirve para devolver la esperanza al más pesimista. Así pues, os pedimos, Ilustres Señoras nuestras, que con vuestra inmensa magnanimidad nos hagáis levitar de categoría y en compensación os ofreceremos devoción y respeto eterno.

   Aparte de las Vírgenes de la Encina y de la Aquiana (o Quiana, o Guiana… ¡o Gana!) todavía podemos encontrar en el santoral mayor protección extraterrena. Porque para santos futbolísticos nada mejor que el SANTO RALÍN, bajo cuya advocación se halla el coliseo berciano. Realmente es inescrutable lo que hay dentro de un Santo.  Dentro del nuestro nos consta que acontecieron ya bastantes desgracias, como un frustrado ascenso, una eliminación “copera” con un gol desde medio del campo, o una lenta agonía intentando sin éxito no descender. Dentro de él hemos vivido momentos maravillosos en las últimas cuatro temporadas, con remontadas imposibles y goles al borde de la conclusión de encuentros de máxima intensidad. Y dentro de él, damas y caballeros, el próximo domingo el club y los aficionados tenemos de nuevo una cita con la historia porque, aunque por supuesto remontar un dos a cero ante una solvente defensa no es “correr y cantar”, aún estamos dentro de la pelea por un sueño al que ni siquiera un adverso cinco a cero nos hubiera hecho renunciar. Le pedimos por ende a San Toralín que nos eche ahora una manita en este trance de necesidad.

   Se acerca el día de San Juan y por eso la cosa está que arde. “Por San Toralín aprieta el fortín”. El domingo una gran hoguera, una caldera humana colosal se avivará en el teatro de los sueños. Y es que la hoya berciana tiene su olla futbolística. Claro que quien juega con fuego evidentemente corre el peligro de quemarse. Pero si al final nos quemamos que nadie tenga que decir que no puso en el fragor de un choque vibrante, siempre con educación y civismo pleno, todo el fuego de la pasión blanquiazul que nos consume y nos reconforta.

   Si entre las personas que este texto leyeren hubiese algún ateo a prueba de santos, que no desespere porque tampoco está todo perdido. Siempre nos quedará De Paula, otro santo varón.

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