Goles caidos del Cielo

Entre septiembre y octubre se recoge la uva en El Bierzo; el acontecimiento es buena excusa para evocar un tiempo en el que más del 90 % de la actividad económica de la comarca dependía de la agricultura –hace unos cien años-. En aquella época labradores y jornaleros miraban el cielo cada mañana esperando algún signo positivo, habida cuenta de que el régimen de precipitaciones determinaba las buenas o las malas cosechas. En los tiempos que corren se ha perdido la costumbre de mirar el cielo, y no porque hayan dejado de caer cosas buenas de él.

Del cielo cayeron hasta goles para la Ponferradina. En junio de 2006 el equipo superó la eliminatoria de play-off contra la Universidad de Las Palmas tras dos partidos dramáticos y muy disputados en los que los cinco goles blanquiazules -tres en el primer partido, dos en el segundo- fueron excepcionales. Muchos aficionados tienen esos “cinco golitos” bien guardados en la memoria. Los tres de Asier Salcedo constituyen un muestrario del buen golpeo de balón, siendo el tercero de ellos una oda “al buen pase” gracias a una diablura angelical de Diego Ribera. Aunque tal vez no fueran mejores, hablemos ahora de los otros dos.

En Ponferrada se recuerda tanto el gol de Chupri contra el Universidad, como los culés recuerdan “el de Ronaldo contra el Compostela”. Lateral bravío y abnegado, el palentino no podía soñar con hacer lo que hizo en un partido tan importante. Tras estar interrumpida durante veinte minutos, la loca segunda mitad del primer encuentro de la fase de Ascenso se reanudó con un saque de banda cerca de la línea divisoria de ambos campos, aparentemente una zona neutral. Hubiese sido una jugada intrascendente en cualquier otro partido…menos en ese. Chupri sacó de banda y recibió una devolución no muy acertada por parte de un compañero, de tal forma que, dado que su situación era algo forzada, pensó en golpear el balón con fuerza para alejar el peligro (y si no lo pensó por lo menos así lo hizo). Ante el despeje unos dijeron “¡Fuera!”, otros “¡Bumba!” y otros siguieron con la boca abierta y los ojos como platos la trayectoria de ese balón, empujándolo con la mirada mientras el portero contrario, llamado Moisés, reculaba torpemente sobre sus pasos intentando en vano impedir lo que medio segundo antes parecía imposible. Y el gol cayó del cielo y en El Toralín ya no supimos si mirar el balón, el cielo o al portero derrotado que lamentaba su mala suerte. Aún hoy se especula en Gran Canaria con la posibilidad de que Moisés fuese empujado por alguien (o algo) o que las luces se apagaran unas milésimas de segundo para desestabilizarle mientras el balón surcaba la noche berciana. En verdad ese día lo pasamos chupri con el juego de magia que hizo el lateral derecho, pues Chupri conjuró el peligro tan bien que no sólo lo alejó del portal de Rubio sino que lo trasladó al portal contrario. Un gol antológico.

Otro gol para la historia se produjo en el segundo partido de la accidentada eliminatoria. Con empate a uno en el marcador y escasos minutos para la conclusión, el equipo canario hostigaba a los blanquiazules en un asedio interminable buscando el gol que les clasificase. La cabeza del atacante Paulino no tuvo suerte; una pelota rematada por ella se estrelló contra el larguero, y mientras el ex culturalista se lamentaba el joven Kevin Debrís se deshizo del balón como pudo. Y en esta ocasión volvió a caer una bendición del cielo. Con el despeje del galo se inició la galopada de Ramón Pereira, que había vuelto a la Deportiva para jugar partidos como ése (o sólo ese partido, no sabemos bien). El caso es que Pereira cogió aire, apretó los dientes, y casi sin levantar la cabeza del cuero se plantó tras una carrera soberbia en el área pequeña rival, y ya que estaba allí chutó a puerta, marcó gol y luego corrió a celebrarlo con la hinchada berciana mientras la desolación se apoderaba de la defensa grancanaria -¿quién no recuerda el rostro del pobre Ojeda, lleno de rabia?-. El gol de Pereira fue el “casus belli” de un conato de guerra civil, pero afortunadamente el partido sólo fue suspendido unos minutos (tal y como había sucedido en el partido de ida). Fue un golazo que también cayó del cielo porque, como aquel otro de Chupri, nadie lo esperaba y vino a mantener el sueño de un ascenso que finalmente terminaría llegando.

Este miércoles otoñal vuelve a haber un Ponferradina-Universidad de Las Palmas en El Toralín. La eliminatoria en esta ocasión es de copa. El aficionado al que no le guste sufrir no debería ir; ahora bien, advertimos que, caso de ausentarse, lo pagará muy caro porque corre el riesgo de perderse los prodigios que nos depare un partido que aúna el aroma copero con las emociones sin tregua de estos partidos contra la Universidad de las Palmas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s