No viene Maradona

Este año la Deportiva soportó bien la Copa y, en pie tras tres eliminatorias, nos brinda otra ronda de buen grado delante de uno de los equipos más añejos de Primera División, la segunda liga más importante de España –la más importante para nosotros es en la que juega la Ponferradina, evidentemente-. Nos salió de las bolas (del sorteo, no piensen mal) el Sevilla FC, escuadra que recientemente nos hizo vibrar con sus gestas europeas y que hace un tiempo ya visitó El Bierzo.

Hace 16 años Sociedad Deportiva Ponferradina y Sevilla también coincidieron en la Copa del Rey. Todos éramos tan jóvenes que algunos, como El Toralín, ni siquiera eran un proyecto. Uno, que ya peina canas, recuerda ser un canijo repeinado que observaba a unos críos como él que desconchaban el ajado yeso de la pared del Estadio de Fuentesnuevas, tratando de escribir todos y cada uno de los nombres de los jugadores que componían la alineación sevillista. Allí estaban los Martagón, Losada, Rafa Paz, Jiménez, Conte, Simeone o Súker –que no jugó, pero dejó muestras de su zurda de seda en el descanso y las interrupciones-. A ese grupo de chavales sólo les faltaron tres nombres por anotar, y tres fueron precisamente los goles que nos endosó aquel día el club de Nervión. Ha llovido mucho desde entonces –especialmente aquél 4 de noviembre de 1992-. Pasa el momento y quedan las sensaciones: de aquel encuentro la sensación principal que recuerdo es la de pérdida, la pérdida de la oportunidad de ver frente a la Ponfe a uno de los mejores jugadores de fútbol de todos los tiempos.

Ni siquiera el cartel de Medellín fue tan fraudulento como aquél en el que se veía la imagen de Maradona asociada al siguiente choque de la Deportiva. La ciudad y la comarca entera se agitaron desde que el Sevilla de Maradona le cupo en suerte a la Ponfe en la copa. Se dice que muchos niños se gestaron aquellas noches de ilusión y espera, en parte porque los que no tenían hijos querían tenerlos para poder decirles que un día vieron al astro argentino jugar en Fuentesnuevas. Pero Diego Armando nos dejó esperando y al final no vino. Nadie pudo agasajar en El Bierzo al amigo de Luis del Olmo, ningún directivo estrechó la “mano de Dios” que vengó el desastre de las Malvinas, el “barrilete cósmico” no se comió el botillo, y nadie pudo rendir pleitesía al Virrey de Nápoles. Pudiera ser que las torretas de la luz del antiguo estadio deportivista se apagaran tras quedarse sin fuerza eléctrica cuando las almas de todos los espectadores se vinieron abajo al conocer definitivamente que el argentino no vendría ese día a Ponferrada. Ni ese ni ningún otro.

Maradona no jugó en El Bierzo el fastuoso año de 1992; no se sumó a la fiesta que había sido preparada en su honor. Maradona no invitó a bailar al policía Flórez, que no pudo contener sus escarceos cerca del pico de la peligrosa raya blanca del área; ni tampoco invitó a cantar ningún tango al “flaco” Javi Delgado –el “Tango”, ese balón con el que hizo goles maravillosos a finales de los 70, dándose a conocer en el mundo-.  Sí que estuvo en el partido de vuelta disputado en el Sánchez Pizjuan, que tuvo su pizca de gracia porque los jugadores blanquiazules llevaron sus cámaras de fotos para retratarse con “el pelusa” y el añorado Milocho fue ovacionado cada vez que saltó al césped para atender a algún jugador.

Ni estuvo aquel día Maradona ni estará esta vez Kanouté, salvando las distancias, otro nombre que se las trae. Pero estarán otros y nosotros les estaremos viendo. El miércoles 29 de octubre del corriente año 2008 acudiremos para presenciar en directo una fiesta deportiva, midiendo fuerzas con uno de los equipos hoy por hoy más grandes de España. Y luego, dentro de muchos años, recordaremos algunos detalles de este partido tan especial. La Ponferradina no tiene que ganar esta vez: bastará con que los jugadores se esfuercen al máximo y luchen por los colores y por los aficionados, quienes, por muy tristes que salgan si al final se pierde por un resultado abultado, tendrán al menos la seguridad de que, ahora que Ponferrada es la flamante “Ciudad de la Energía”, ya no se apagarán los focos ni faltará potencia eléctrica.

¡Aúpa Deportiva!

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