Le llaman Valle

Esta temporada la Deportiva fue más cántabra que nunca. De la Montaña vinieron al Bierzo un entrenador que ya no está, un futbolista que empezó fortísimo como Portilla, y en el mercado invernal llegó Platero, que todavía no acaba de lucirse. Junto a ellos arribó un futbolista de traca, un pistolero letal en los terrenos de juego, un vaquero solitario que siembra el pánico entre las defensas y cuya carrera ha sido tan vertiginosa como su juego.

    A este futbolista le llamaban Valle aquellos que lo vieron debutar en Primera División a los 18 años. Fue el más rápido del lugar en acceder a la fama. Antes de militar en la primera plantilla del Racing ya hacía mucho tiempo que su nombre “sonaba” en el mundillo del fútbol, pues había deslumbrado con sólo once años en un torneo de alevines en los campos de Brunete, siendo designado mejor jugador superando en el ranking a Andrés Iniesta y despertando incluso el interés de equipos como el Ajax o el Barcelona. “Jonathan”, que era su nombre, quiere decir “regalo de Dios”, y las maneras del rubio jugador hicieron pensar a la sufrida afición del conjunto santanderino que con los años el pequeño y rubio chavalín llegaría a convertirse en un ídolo.

    Pero tantas esperanzas canalizadas hacia alguien tan joven casi terminan por ahogar a Valle, que se desahogaba con actividades que poco tenían que ver con el fútbol, aunque sí con su corta edad. Cuentan que fue detenido por conducir sin carnet y que fue visto demasiadas veces en locales de copas. “Johnny” Valle recibió el golpe de la crítica, ganándose la fama de “niño malo”, y entre tanto golpe bajo de la vida llegó hasta a meditar la posibilidad de dejar el fútbol y hacerse boxeador. Le iba la pelea y en las cinco temporadas que jugó en el Racing en la máxima categoría dejó destellos de la suya, que también es máxima. Pero su rendimiento no fue el esperado y técnicos y aficionados se cansaron de esperar. Los que antes le idolatraban lo quisieron enterrar, algo prematuro tratándose de un chico de 24 años. A veces en la vida es mejor ceder ante el empuje de los acontecimientos y la vía de la cesión fue una solución a un problema.

    Las estrellas crecientes de Ángel Viadero –hoy ofuscada- y de la Deportiva Ponferradina –que aún resplandece en el firmamento oscuro de la 2ª B-, se aunaron para que la estrella periclitante de Jonathan Valle recalase en verano en el valle del Bierzo. Era una oportunidad para encontrarse a sí mismo y reencontrarse con su mejor juego, un paso atrás para coger impulso, recobrando el crédito perdido. El futbolista se casó para formar familia y se cortó el pelo para que su cabeza pudiera pensar reposadamente. La ecuación era sencilla: si volvía a ser un futbolista importante, si lograba ascender con la Ponferradina, posiblemente las puertas de algún equipo de superior categoría (¿por qué no el Racing?) volvieran a abrirse para él.

    Fue así como descubrimos a Johnny Valle, un hombre que nunca dejó de ser un genio y una figura…y también una figura con genio. Es el futbolista más tarjeteado y más expulsado del equipo blanquiazul. Alguien al que a veces las repetidas patadas y provocaciones de sus marcadores encienden su ira hasta estallar con acciones rayanas con la violencia, evidentemente fruto de una locura pasajera. Es un furor que Valle intenta dominar, como quien lidia constantemente frente a una salvaje fuerza interior cuyo predominio supone “perderse” irremisiblemente. Esa es la parte menos buena del “enfant terrible”, quizá inevitable tratándose de un jugador vivaz, eléctrico y pasional. Para lo bueno y para lo malo, un luchador.

    La parte buena lo convierte en un jugador espectacular y mortífero en ataque, seguramente el mejor futbolista de la categoría con diferencia. Su hambre de éxito es manifiesta, ahora que se afana con ahínco en remontar el vuelo cazando presas que antes para él hubiesen sido menores. Valle juega al primer toque o domina el cuero, toca de espuela o encara al contrario, amaga o regatea. Y nunca deja indiferente a nadie. En ocasiones parece que Johnny se ajustase un imaginario sombrero de cowboy momentos antes de enfundar el balón en sus pies, iniciando acto seguido un rapidísimo zig-zag hacia la portería: es el gran “slalom” del lejano Noroeste, la marca de la casa del pistolero Valle. Las pistolas de Johnny Valle hicieron puntería ya 11 veces y dejaron varias tardes gloria para los bercianos, sedientos de fútbol y victorias. Él se pone las botas con las botas puestas. Su fina zurda aturdió defensas, alucinó seguidores e hizo añicos porterías rivales. Su última hazaña ha sido derribar prácticamente él solo la muralla del Lugo con tres mazazos, haciendo olímpico el estadio Anxo Carro, tras lo cual los defensas lucenses, llenos de venganza y rencor, clavaron en la puerta de la catedral una escueta nota con su foto que ponía “Se busca”. De un tiempo a esta parte el pequeño pero matón Valle, con sus botas de fuego y su fútbol de ensueño, se echó el equipo a sus magras pero curtidas espaldas. Recuperamos su presencia cuando más lo necesitábamos. Con él inspirado “la Ponfe” irá como un tiro, porque son muchos tiros los que Johnny guarda en la recámara de sus pistolas y el fusil de su pierna izquierda, arma de precisión que el cántabro maneja como un virtuoso.

    Vuelve Valle, tiemblan los defensas. Ahora que se retira Clint Eastwood como actor por lo menos quedan las acciones legendarias de J. Valle, otro luchador con clase. No podemos saber si volverá a jugar en Primera División, pero sus ganas son tan grandes que igual lleva a la Deportiva a Segunda con su impulso, que es el de los espíritus indomables.

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