Yo Claudio

YO, Claudio Mi nombre fue Tiberio Claudio César Augusto. Fui el cuarto emperador de Roma y fallecí a mediados del primer siglo de vuestra era. Para abreviar, la Historia me conoce como Claudio. Y ahora, después de casi dos milenios, he querido romper mi silencio para hablarles de un tocayo mío.

Siempre me fijé en Claudio, tanto antes en el Deportivo como ahora en la Deportiva. De la Torre de Hércules pasó a la de la Rosaleda; y nunca le ha sentado mal el color blanquiazul. Él no lo sabe, pero en todo momento he procurado insuflarle ciertas dosis de fortuna para que salga con bien de cada partido, aunque no siempre pueda conseguirlo.

Vino a El Bierzo para apagar un incendio y desde entonces no ha habido descanso sin que tenga que usar la manguera (o los aspersores). Debió de leer lo que se decía de esa bonita tierra rodeada de montañas ya en el siglo XVIII: que a El Bierzo sólo se entra bajando, y por eso descendió, y con él su equipo, a la categoría de bronce del fútbol. No sé si podrá cumplir la segunda parte del dicho: que de esta comarca solo se puede salir subiendo. Puede que ni siquiera le haga falta ascender para pasar a lo anales de la Sociedad Deportiva Ponferradina. Bastaría, por ejemplo, que la SDP ganase al todopoderoso Real Madrid en ‘El Toralín’. Cosas más raras se han visto: una ciudad como Roma hizo un imperio, equipos hay en 3ª División que un día estuvieron en 1ª y a media España le ha dado recientemente por defender la conducta de quienes meten el dedo en los ojos de los rivales no en un mero sentido figurado y además fueron fichados para desactivar el tipo de fútbol que más éxitos dio nunca a la selección española.

Si Claudio hubiese podido alinear a Rubén Vega la eliminatoria estaría al 50%. Como no es así, la victoria de la Ponfe quizá se pague 50 a 1 en las casas de apuestas. Las diferencias entre ambos equipos son tan notorias que solo por un acto de voluntad se puede admitir la comparación. Toda la población de Ponferrada cabría en el Santiago Bernabéu y aún sobrarían las mejores plazas para los parientes y conocidos de sus concejales. ¿Cuántos hospitales se podrían construir con lo que valió el fichaje de Cristiano Ronaldo? ¿Cuántos miles de libros podrían escribirse con la tinta que gastan los diarios deportivos en el equipo blanco?

El mundo no ha cambiado tanto en dos mil años. O sí. Ayer nos deleitábamos con los gladiadores -yo mismo pasé noches enteras viéndolos combatir- y hoy los que luchan por el dinero y la fama en los coliseos deportivos son los gladiadores del fútbol, sublime espectáculo. Al menos ahora la sangre mana fortuitamente y lo que abunda es el sudor (y raras veces lágrimas, generalmente coincidiendo con los finales de temporada). Pero sigue siendo un circo con que aderezar el pan nuestro de cada día.

En el Panteón anda la cosa repartida. Júpiter dice que los bercianos ya tienen ganado el cielo sólo con haber nacido en esa región bendecida por los dioses. Últimamente Apolo, Minerva y Venus se han hecho del Barça y todo el mundo sabe las simpatías de Neptuno por el Atlético de Madrid. Entre los 12 dioses más importantes sólo Baco es de la Ponferradina. Marte es del Real Madrid y Vulcano es partidario de cualquiera de los equipos que entrena Mourinho. Y yo, por último, también soy seguidor de la Deportiva desde que el equipo lo entrena Claudio-entrenador, mi protegido.

Claudio S.D.P. (Salutem Dicit Plurimam)

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