La suerte del Futbol

Aún cayendo derrotada por 0 a 2, la Deportiva Ponferradina salió ganando del partido de Copa del Rey disputado en El Toralín. El equipo mostró gallardía y técnica y sus aficionados pasión. Que la berciana era una gran afición lo sabíamos quienes seguimos a la SDP; ahora, con la difusión mundial que acompaña siempre al Real Madrid, ya lo saben también los demás. Fue una suerte haber jugado ese partido.

Desde el 2005 la Ponferradina y sus seguidores no pueden quejarse de la fortuna, que les ha sonreído especialmente en tres ocasiones. Tocó vivir dos ascensos a la categoría de plata y después el bombo nos agració con un emparejamiento copero de oro que ha dejado una alegría muy bien repartida. Los que lo vimos fuimos ‘suertudos’ de verdad; pero sin avaricia. Con la entrada los idealistas adquirieron el derecho a soñar y los pragmáticos vieron un sueño hecho realidad. Contemplar a nuestro equipo enfrentado a uno de los más grandes ya es un premio; esperemos que este año sea recordado por la eliminatoria feliz y no por el precio que alcanzaron los billetes en un tiempo de crisis. Los miles de aficionados que compraron la participación en el evento no querían perder la ilusión tanto como aquellos otros que no pagaron más de un décimo de la entrada en un partido disputado la temporada anterior contra otro equipo madrileño. Un partido se jugó un martes y 13 pleno de ilusión; el auténtico gafe fue el día del Rayo Vallecano porque le robaron parte de la ilusión a muchos.

Respecto a la eliminatoria, algunos no ven que la suerte esté echada, si bien se presume que está dormida al reposar en el colchón de los números. Con suerte pasamos la ronda previa para entrar en el siguiente sorteo. Pocos esperaban poder ver a Cristiano Ronaldo en Ponferrada. Hacerles un gol es muy complicado. Y la estadística dice que pasar la eliminatoria sería un milagro. El Real Madrid obtuvo en nuestro país y en los campos europeos una bien merecida vitola de mejor equipo del siglo del siglo XX; sus presupuestos y fichajes tienen más ceros que los marcadores de los equipos contra los que ha jugado este año el Mirandés; sus jugadores se reclutan desde el ‘firmamento’; y su entrenador -por cierto muy cortés y educado en su visita a El Bierzo- sabe que ganando de nuevo la Copa algunos darían por justificada toda una temporada.

Quizá hubiese más opciones de éxito si en vez de fútbol la eliminatoria se resolviese en base a otras competiciones no homologadas. Se nos ocurren varias pruebas o concursos: que Ronaldo y Doménech lancen diez faltas para ver quien tiene más puntería; que se comparen los goles que Di María hiciera en una temporada en 3ª División con los que Borja Valle haría en 1ª; que se midan los kilómetros recorridos por Khedira o J. Ruiz en un partido; y tal vez podrían hacer un concurso “de mates” el portugués Pepe y el nuestro, aunque sería mejor que participara el todavía más nuestro José Antonio Soto.

En suma, son minúsculas las posibilidades de la Ponferradina en el santuario futbolístico de la Castellana. Pero ya que visitamos el casino glamouroso del Bernabéu de nombre Santiago (¡Y cierra España!), habrá que dejarse persuadir por la ilusión que dan la esperanza y la creencia ciega. Tenemos el resto de la temporada para participar en los “juegos reunidos” de la 2ªB así que no pasa nada por jugar a lo grande unas horas. Como el caso es pasar, habrá que pasárselo de vicio: si Yuri o Máyor logran hacer “bingol” habrá que cantarlo con ganas en la movida noche madrileña; si no, por lo menos habrá que cantar “línea” cada vez que pasemos el centro del campo. Y cuando el árbitro diga “¡No va más!” al menos que haya salud y saludos para jugadores y afición, unidos fraternalmente en estas fechas tan señaladas. Y es que, más tarde, el calvo de la suerte igual deja en Ponferrada otro premio gordo de la lotería o un nuevo ascenso a 2ª División. Total, el dinero no da la felicidad. La da el fútbol.

ROCA

Anuncios

Yo Claudio

YO, Claudio Mi nombre fue Tiberio Claudio César Augusto. Fui el cuarto emperador de Roma y fallecí a mediados del primer siglo de vuestra era. Para abreviar, la Historia me conoce como Claudio. Y ahora, después de casi dos milenios, he querido romper mi silencio para hablarles de un tocayo mío.

Siempre me fijé en Claudio, tanto antes en el Deportivo como ahora en la Deportiva. De la Torre de Hércules pasó a la de la Rosaleda; y nunca le ha sentado mal el color blanquiazul. Él no lo sabe, pero en todo momento he procurado insuflarle ciertas dosis de fortuna para que salga con bien de cada partido, aunque no siempre pueda conseguirlo.

Vino a El Bierzo para apagar un incendio y desde entonces no ha habido descanso sin que tenga que usar la manguera (o los aspersores). Debió de leer lo que se decía de esa bonita tierra rodeada de montañas ya en el siglo XVIII: que a El Bierzo sólo se entra bajando, y por eso descendió, y con él su equipo, a la categoría de bronce del fútbol. No sé si podrá cumplir la segunda parte del dicho: que de esta comarca solo se puede salir subiendo. Puede que ni siquiera le haga falta ascender para pasar a lo anales de la Sociedad Deportiva Ponferradina. Bastaría, por ejemplo, que la SDP ganase al todopoderoso Real Madrid en ‘El Toralín’. Cosas más raras se han visto: una ciudad como Roma hizo un imperio, equipos hay en 3ª División que un día estuvieron en 1ª y a media España le ha dado recientemente por defender la conducta de quienes meten el dedo en los ojos de los rivales no en un mero sentido figurado y además fueron fichados para desactivar el tipo de fútbol que más éxitos dio nunca a la selección española.

Si Claudio hubiese podido alinear a Rubén Vega la eliminatoria estaría al 50%. Como no es así, la victoria de la Ponfe quizá se pague 50 a 1 en las casas de apuestas. Las diferencias entre ambos equipos son tan notorias que solo por un acto de voluntad se puede admitir la comparación. Toda la población de Ponferrada cabría en el Santiago Bernabéu y aún sobrarían las mejores plazas para los parientes y conocidos de sus concejales. ¿Cuántos hospitales se podrían construir con lo que valió el fichaje de Cristiano Ronaldo? ¿Cuántos miles de libros podrían escribirse con la tinta que gastan los diarios deportivos en el equipo blanco?

El mundo no ha cambiado tanto en dos mil años. O sí. Ayer nos deleitábamos con los gladiadores -yo mismo pasé noches enteras viéndolos combatir- y hoy los que luchan por el dinero y la fama en los coliseos deportivos son los gladiadores del fútbol, sublime espectáculo. Al menos ahora la sangre mana fortuitamente y lo que abunda es el sudor (y raras veces lágrimas, generalmente coincidiendo con los finales de temporada). Pero sigue siendo un circo con que aderezar el pan nuestro de cada día.

En el Panteón anda la cosa repartida. Júpiter dice que los bercianos ya tienen ganado el cielo sólo con haber nacido en esa región bendecida por los dioses. Últimamente Apolo, Minerva y Venus se han hecho del Barça y todo el mundo sabe las simpatías de Neptuno por el Atlético de Madrid. Entre los 12 dioses más importantes sólo Baco es de la Ponferradina. Marte es del Real Madrid y Vulcano es partidario de cualquiera de los equipos que entrena Mourinho. Y yo, por último, también soy seguidor de la Deportiva desde que el equipo lo entrena Claudio-entrenador, mi protegido.

Claudio S.D.P. (Salutem Dicit Plurimam)

El volcán blanquiazul colapsa Europa

Minuto tras minuto avanza el reloj que nos conduce al calor del verano aunque parezca que no pasen las horas hasta que comience el partido del domingo 23 de mayo de 2010. Ese día la Deportiva Ponferradina quiere celebrar su segunda comunión con la afición blanquiazul regalándole un ascenso por el que lleva suspirando toda la temporada. Todo puede suceder en los 90 tórridos minutos de un partido de fútbol y los cuatribarrados del Sant Andreu han demostrado poseer sobrada calidad para disolver nuestras esperanzas envolviéndolas en la sangre y el fuego de sus colores. Pero el resultado del partido disputado en Barcelona sirvió para comprobar que la afición blanquiazul es una de las mejores de España en relación al coeficiente “pasión sin límites por su equipo/número de habitantes de la tierra que representa” y también que la Deportiva Ponferradina de José Carlos Granero es un equipo solvente que se adapta bien a todas las superficies.

Este factor ha de tenerse en cuenta dado que el marco en el que se va a disputar el siguiente encuentro no será el habitual en el que 22 gladiadores compiten por la pelota durante un partido de fútbol. Nunca tanta pasión futbolística estremeció como esta semana los cimientos de una ciudad que parece vivir por y para su Deportiva. Nunca antes los socios retiraron antes sus entradas. Nunca antes se convocaron tantas confraternizaciones antes de un evento semejante. Nunca tantas banderas desafiaron el viento en los balcones. Nunca la Ponferradina estuvo tan en boca de todos, casi monopolizando las conversaciones. Y nunca antes existió tanta certeza respecto a que en la fecha señalada el ilustre estadio ponferradino, The Toralín, alias “pequeña Bombonera” o “Pequeño Anfield”, se convertirá en un volcán para llevar en volandas a los suyos. Si la UE Sant Andreu contaba a su favor con el césped artificial los nuestros van a tener el calor de una artificial hoguera prendida en su apoyo.

Carlos Rodríguez, primer ideólogo de la Federación de Peñas, dijo una vez que “los domingos en el Toralín son una fiesta”. La fiesta del domingo será de las que hacen época. La gente irá antes al campo ataviada como nunca con distintivos blanquiazules dispuesta a dejarse la piel, el alma y la garganta para infundir el aliento que pueda faltarle a sus bravos jugadores. El Toralín latirá en cada córner y vibrará en cada falta. De los asientos del estadio irradiará semejante número de grados centígrados que muchos no podrán ni sentarse y quizá se derritan las barras de las camisetas de nuestros rivales. A los cuáles, dicho sea de paso, les deseamos lo mejor…pero a partir del lunes próximo. Por una vez el 0-0 no sería mal resultado pero si Óscar De Paula acude puntual a su cita con el gol (recuerden, uno cada dos partidos) u otro compañero hace diana, El Toralín explotará con más fuerza que el volcán islandés de nombre impronunciable cuya nube de cenizas cerró los aeropuertos de media Europa. Llegado el caso, del espacio rectangular del Toralín brotará espontáneamente una columna de energía blanquiazul y resplandeciente para fundirse con el azul y blanco del cielo.

Sumando el calor corporal de cada aficionado se generará una fuerza poderosa e irresistible como el magma que engulle las piedras más resistentes. Al estadio no le falta combustible por haber sido levantado sobre los restos de una antigua montaña de carbón, pero cuando se haya transformado en un coloso ocho mil (de ellos casi 6.000 socios) las consecuencias de que entre en erupción podrían ser más perdurables que las del volcán islandés: los efectos del volcán de la “isla” de El Bierzo no se notarán unas semanas, sino una temporada más larga de concretamente 42 partidos de liga. Como un vórtice de pasiones cálidas, intensas y puras el domingo se formará un cráter de sentimiento natural hacia el equipo que nos representa. El Toralín arde en deseos de que comience ya ese partido soñado. Ponferrada quiere ser como Pompeya, pero en vez de bañarse en lava hacerlo en el agua de todas las fuentes de la ciudad. También valdría el cava, pero si tuviéramos la fortuna de ascender ése se lo dejaríamos a nuestros amigos del Sant Andreu para cuando ellos también lo consigan, porque se lo merecen tanto como nosotros.

Son increíbles los estados de ánimo que puede deparar el fútbol para nosotros, los aficionados. Emociona también hasta qué punto el equipo representa nuestra amada tierra. Si el fútbol “es un estado de ánimo” ya sabemos en qué se parece este deporte a El Bierzo (también “un estado de ánimo” según el escritor Raúl Guerra Garrido). Por eso con nuestros ánimos vamos a crear la temperatura ambiente necesaria para que el volcán blanquiazul del Toralín libere los efluvios necesarios para que la Deportiva vuele hacia la 2ª División. ¡Viva el fútbol y Aúpa Deportiva!

¡Salvar al soldado IAN!

Dicen que los porteros son tipos peculiares. Aunque siempre que se generaliza se cometen injusticias lo cierto es que dentro del gremio hay distinto grado de peculiaridad, rareza o divergencia con respecto a una norma más o menos subjetiva. Así por ejemplo parece un hecho demostrable que los porteros de bloques de edificios no son tan raros como los porteros de fútbol y que éstos no lo son tanto como los de discoteca.

    Ian Mackay nació en La Coruña pero aspira a jugar con la camiseta internacional de Escocia. [ http://news.bbc.co.uk/sport2/hi/football/internationals/6343021.stm ]. Cualquiera –portero de bloque de viviendas o no– podría darse el capricho de comprar esa camiseta por Internet. Cualquiera, según afirman los porteros de discoteca, está en disposición de disfrutar de una copa de campeonato con el combinado escocés. Pero no hay muchos porteros españoles, a decir verdad, que se signifiquen por tener a tiro la posibilidad de jugar en la selección de otro país. Ni siquiera el bueno de Manolo Rubio, que sabía muchos idiomas, podría haberlo hecho. El único portero español que hoy día puede jugar con Escocia es Mackay. Nuestro Mackay. Aficionado del Deportivo y del Celta de Glasgow.

    Mackay comenzó como portero suplente y muchos creyeron que suplente se iba a quedar, sin medrar nada entre las montañas de El Bierzo. Sin embargo, un buen día el general Granero le encomendó una difícil misión. Defender a toda costa la última posición de la institución ponferradina, las puertas sagradas de la retaguardia blanquiazul. Era la hora del pequeño Gran Mackay. No era una misión fácil pero al coruñés no le tembló la mano. Desde entonces Mackay creció como portero y ha conseguido poner a su favor la estadística y los comentarios de los aficionados. Tras unos primeros partidos de rodaje Mackay demostró que era un portero de garantías. Paradas felinas. Agilidad en el mano a mano. Decisión. Y buenas maneras.

    Hay en la grada quien le llama Rosito por el color fucsia de su zamarra. El guardamallas es bien coqueto. En las fotos previas a los partidos siempre se coloca en un lateral de la fila superior, al lado de algún jugador de una altura similar a la suya y en el lado contrario donde los Nino, Jano o Rubén Vega muestran lo altos que son. Además, desafiando el equilibrio y el objetivo de las cámaras, hace gravitar todo su peso en el ápice más mínimo y extremo de la punta de sus pies. Luego, durante el partido, el portero Ian también aspira a quedar siempre bien. Unas veces son sus compañeros los que con su buen hacer permiten que el portero pase de puntillas y otras es Mackay el que se crece realizando grandes intervenciones y cuajando enormes actuaciones.

    Aunque haya dado varios recitales son los números los que cantan, nunca el Gran Mackay, un portero sobrio que nunca bebe con los guantes puestos. En 25 partidos disputados, Mackay, que como todos los porteros es supersticioso, tuvo la suerte de encajar apenas 13 goles. Un gol cada dos partidos, que es el mismo rendimiento que ofrece el eficaz De Paula en la portería contraria. En realidad Mackay estuvo la friolera de 7 partidos consecutivos sin recibir un gol y en conjunto mantuvo a cero su portería en 15 encuentros. Toda una garantía para el equipo, que estuvo 21 jornadas seguidas sin caer derrotado y tan sólo recibió 21 goles al final de las 38 jornadas de liga regular.

    En la vida es importante tener a personas de confianza en puestos clave. Un médico solvente, un mecánico amigo, un informático experimentado y un portero fiable en el equipo de tu alma. Un buen portero es un seguro a todo riesgo frente a las contingencias azarosas del balón y las barbaridades que puede llegar a hacer un delantero asesino. Médicos y enfermeros eran objetivos señalados en la guerra porque anulando a uno de ellos, caían luego muchos más que no podían recibir la ayuda de los primeros. Por lo mismo, si a un equipo de fútbol le falla su portero nunca podrá cosechar buenos resultados. Afortunadamente, esta temporada el mérito individual y el esfuerzo colectivo de sus compañeros han convertido a Ian Mackay en el mejor portero de la categoría.

    La batalla del ascenso es el último escollo en la guerra del 2009-2010. Los más débiles quedaron en el camino y ahora ya sólo quedan los rivales más fuertes. Como por ejemplo la U.E. Sant Andreu. En este trance, los que militamos en las filas blanquiazules confiamos en el gran estratega Granero. El valenciano sabe que por mucho que la pólvora del ataque deportivista sea impresionante, la base del éxito pasa por que Mackay y sus defensores continúen cerrando filas ante los enemigos futbolísticos.

    Mackay tiene una buena compañía. Un puñado de defensas aguerridos que realizan todo tipo de marcajes en la zona peligrosa, coberturas en la línea de fuego y de fondo, despejes antiaéreos, pressing en los flancos, y, en suma, todo lo humanamente posible para frenar las acometidas del rival. Defendiendo con elegancia y sin violencia han brillado tanto como el fulgor metálico de sus tacos mientras maniatan al enemigo. Todos se baten el cobre frente a delanteros tanques, centrocampistas bombarderos o extremos atómicos. Candela mantiene encendida en todo momento la llama de la lucha, David Malo siempre se apunta a cualquier combate. Jano es inexpugnable y brioso, Nino es más forzudo que Sansón y Nacho es el capitán del cuerpo de defensores y el mejor de los veteranos. Luego está Pepe, siempre leal como el soldadito bueno y valiente que cumple allá donde le manden. Ruiz no es defensa pero la enormidad de su esfuerzo cotidiano no le va a la zaga, impidiendo muchas veces que los rivales superen la línea de medio campo, facilitando con ello el trabajo siempre difícil de Mackay y sus amigos.

    Casi todo está inventado ya. Según Sun Tzu, militar chino del I milenio antes de Cristo, uno gana la guerra por los fallos de los demás y la pierde por los errores propios. Para ganar un partido es imprescindible no encajar muchos goles. Si el marco propio queda a cero serás invencible. Conseguirlo es dificilísimo. Pero para hacerlo los defensas de la Deportiva morirán en el intento intentando salvar el último reducto de la portería admirablemente guardada por el soldado Ian. ¡Adelante, compañeros! ¡El ascenso a la gloria os espera! ¡Aúpa Deportiva!

Texto: _Roca_
Imagen: {Lord_Depor}

De Paula y el gol, una historia de amor

El brasileño Jorge Amado escribió hace unos veinticinco años un relato infantil titulado “A bola e o goleiro”. El argumento, irreal y sencillo, era que una pelota dotada de vida propia mostraba tanto empeño y ambición en conseguir hacer gol que facilitaba la tarea a los delanteros de todos los equipos para desgracia de los porteros, que padecían su furia sin remedio. Todo hasta que un día la pelota, llamada “Fura-redes”, se enamoró del peor portero del campeonato y, cayendo siempre en sus guantes, hizo que se convirtiera en el mejor guardameta de todos. Cualquier crítico avezado no dejará de apreciar la ficción profundamente cursi del argumento, máxime cuando se sabe que en fútbol las relaciones amorosas suelen establecerse no entre los porteros y los balones sino entre éstos y los delanteros, idilio que alumbra goles y que hace a los segundos pichichis, protagonistas de rachas anotadoras sensacionales, o autores de “Hat-tricks” en los que la bola acaba yéndose a la casa del delantero.

Los delanteros aman a los balones bien esféricos y neumáticos. El amor entre los balones y los goleadores hace que se mueva el mundo del fútbol. No importa qué marca envuelva sus costuras ni cuál sea su color; el balón, la bola, la pelota, el cuero o el esférico se exhiben por el campo hasta que dan con un delantero de su agrado y le obsequian con las mieles del gol y su éxtasis. Puede que sea algo químico. En cualquier caso es algo totalmente independiente de cuestiones físicas. Romario, Vieri, Zamorano, el “chingurri” Valverde y todos los que se nos ocurran vivieron tórridos romances con la pelota y con el gol. ¿Qué tendrán algunos arietes para engatusar a los balones de manera que caigan en sus redes preferidas? Goles son amores que están al alcance de unos pocos, como por ejemplo el deportivista Óscar De Paula, que tras una larga ausencia ha regresado en pos de su amado balón con el que procurará anotar todos los goles que su desgraciada lesión le ha impedido materializar.

De Paula nació en el Duranguesado pero por sus venas corre la sangre de los conquistadores extremeños. De la misma manera que un puñado reducido de extremeños conquistó un imperio en América para la Corona de Castilla, De Paula ha sabido aprovechar al máximo los minutos que ha estado sobre el terreno de juego. El suyo es un raro ejemplo de eficiencia, ajustando los medios (tiempos) a los fines. Jugó 11 temporadas ininterrumpidamente en Primera División con la Real Sociedad, disputando más de 300 partidos y anotando unos 60 goles. Teóricamente hizo en este tiempo un gol cada 5 partidos, aunque la estadística más justa debería tener en cuenta los minutos jugados por el delantero, que si por algo se caracterizó fue por hacer buenas las segundas partes anotando goles vitales in extremis para su equipo después de sustituir a algún compañero negado cara a portería. Así por ejemplo en la temporada 2000/2001, en la que el vasco anotó 9 goles y participó en 32 partidos, su rendimiento fue sensacional pues al jugar 1.635 minutos hizo un gol cada 180 minutos que jugó, ratio que aumentó la temporada siguiente, en la que jugando 500 minutos menos todavía pudo marcar 7 goles –uno cada 160 minutos-; y en la última campaña que actuó en Anoeta, la  2005/2006, el delantero solo anotó 3 goles, aunque únicamente disputó 280 minutos, de manera que hizo un gol prácticamente cada 90 minutos, esto es, lo que dura la vida de un partido de fútbol.

De Paula es un delantero con una eficacia difícilmente igualable que ya le ha convertido en uno de los máximos goleadores de la Deportiva en toda su historia en la 2ª B, con 30 goles marcados en dos temporadas disputadas. También aquí ha sido capaz de hacer un gol cada 188 minutos, de manera que las estadísticas muestran que si está dos partidos seguidos en el campo es muy probable que haga gol, y cuando decimos “probable” no tenemos en cuenta la apreciación subjetiva de que es muy bueno, sino unos números objetivos que hablan por sí solos. La primera temporada en El Bierzo marcó el 25 % de los goles del equipo (13 de 52), mientras que la segunda optimizó su rendimiento haciendo el 32 % (17 de 54). Su retorno es una noticia muy buena que invita al optimismo respecto a las posibilidades de los de Granero. La gente que se extraña de todos los goles que ha fallado la Deportiva en lo que va de temporada no tiene en cuenta un factor determinante: De Paula no estaba en el campo. No en vano el primer balón que tocó el día de su debut en la presente temporada 2009/2010 a punto estuvo de traducirse en un gol salvador para los blanquiazules.

Es difícil saber lo que piensa cualquier persona, pero no cabe duda que por la cabeza de Óscar de Paula pasan las opciones de ascenso de la Deportiva. Después de haber estado toda una vida en Primera jugó en 2ª una temporada con el Cádiz y bajó otro peldaño hasta llegar a Ponferrada con el ánimo de que el equipo berciano volviese a subir a la división de plata. Este objetivo pretendió alcanzarlo a base de goles y más goles. Unos con el pie derecho, otros con el pie izquierdo; unos a balón parado, otros tras jugadas combinatorias; unos en la primera parte, otros en el descuento; unos hermosos y todos horribles para los porteros. De Paula lleva tirándoles elegantemente los tejos a los balones con los que hace los goles desde que comenzó su carrera.

No hace falta repasar todos los goles que ha metido De Paula con la “Ponfe” para descubrir que buena parte de ellos los ha hecho con la cabeza. Pensando primero en qué posición ubicarse para mejor contactar con el balón y rematando después con una maestría depurada. Cuando el cuero surca el aire rumbo al área el público debería fijarse en las maniobras que realiza el goleador. Es un auténtico cortejo rítmico similar a un baile de salón, una especie de danza para engatusar a la pelota que se aproxima, una invitación a la sintonía y al contacto entre el esférico y el rematador. Hay delanteros centros que tienen un feroz instinto asesino. Si el reglamento lo permitiera morderían la pelota y pegarían un puñetazo a los cancerberos para conseguir su presa, o sea, el gol. De Paula no. Su estilo es muy otro. Él seduce el balón antes de dirigirlo hacia las mallas, casi como acariciándolo en dirección a la portería. Por lo general los balones se dejan arrullar, aunque algunos son más reacios que otros.    

La eficiencia de De Paula también se sustenta en la enorme capacidad que tiene para sostenerse en el aire. Él, que es muy comedido y siempre ha hecho gala de tener los pies en el suelo, parece tener un don para permanecer suspendido durante más tiempo que el resto de jugadores de 2ª B. No hay que ver en esta cualidad una vulneración de la más básica ley de la gravedad, sino una consecuencia manifiesta de la “Ley Bosman”. Ésta amplió el ramillete de magníficos futbolistas que en otro tiempo hubiesen formado parte de las plantillas de Primera hasta colgar las botas, pero que con la llegada de futbolistas comunitarios tuvieron que cambiar de categoría porque se hizo más difícil para ellos hacerse con un hueco en la liga más importante. Por otra parte, siguiendo este razonamiento, es normal que un delantero que tanto tiempo estuvo en lo más alto –y de Paula ha marcado goles hasta en la Champions League– sobresalga por encima de los demás y tenga más capacidad para manejarse en las alturas a las mil maravillas. A sus 34 años, además, De Paula ya no se dejará deslumbrar por ningún foco ni por ningún defensa.

Vuelve De Paula y con él volverán a caer los goles a favor de la Deportiva Ponferradina. Los impacientes, que también los hay en El Toralín como en el resto de estadios de España, deberían contenerse porque es bien sabido que ninguna conquista amorosa fue fácil -tampoco en el fútbol- y deberían evitar terminantemente emitir cualquier silbido dirigido hacia el delantero, no vaya a ser que la pelota se cele por no ser el centro de atención y rehúya entregarse mansamente a este veterano amante del gol.

Tartiland

Era un momento delicado. El mayor presupuesto, la mejor afición y el mejor equipo sólo podían conducir al ascenso, y en esos instantes hasta estaba en tela de juicio la participación de la Ponferradina en el play-off. Había que maniobrar sobre seguro, no precipitarse con ninguno de los más de quince candidatos a dirigir el equipo.

El director deportivo estudió seriamente la situación y llegó a la conclusión de que lo mejor que podía hacerse era contratarse a él mismo. Tampoco era algo nuevo. En momentos así siempre en la historia reciente de la Deportiva ha habido un hombre dispuesto a aportar su experiencia dilatada para sumar. Un tipo gallego ya “bercianizado” después de tantos años aquí, un hombre de la casa y de la tierra llamado Jesús Tartilán, tan de la tierra que se le podría llamar –y esto con los mayores respetos- Tartiland.

Tartilán es un viejo conocido. Un entrenador sosegado, divino y puro. Tartilán es como Fergusson, cabeza tractora de un proyecto antiguo y perdurable. Es como el primer Cruyff, fumando y fumando las consideraciones tácticas en el banquillo. Como Valdano hilvanando excusas para justificar una derrota.

A Silvano siempre le hizo “tilín” Tartilán. Confió en él un cargo tan importante como el de Secretario técnico y el lucense no decepcionó. Decepcionaron muchos fichajes pero en conjunto el balance tendrá que ser positivo: Tartilán fichó los jugadores que ascendieron de categoría.

Todo puede pasar con Tartilán. Es el hombre que ascendió a la Deportiva de 3ª a 2ª B y el que bajó con la Deportiva de 2ª. ¿Por qué no puede subirnos otra vez a 2ª? O bajarnos a 3era si hiciese falta comenzar de cero para recobrar la humildad y la ilusión. Ya ha sido jugador, entrenador, secretario técnico y director deportivo. Tartilán es nuestra historia y hay que quererlo. En nota difundida el pasado 4 de marzo en la que se confirmaba que Tartilán y su segundo, Nistal, continuarían hasta el final de la temporada, el Consejo (no el del Bierzo sino el de Administración de la Deportiva) pedía “a todos los aficionados el apoyo y respaldo a su labor al frente de la primera plantilla, un reto que han asumido valientemente en la confianza de que serán capaces de llevar a la Deportiva a la consecución de los objetivos propuestos”. ¿Cómo no vamos a apoyar a Tartilán? Es un meritorio hombre de la casa que merece su oportunidad. Y además estamos en sus manos y no nos queda más remedio.

Le llaman Valle

Esta temporada la Deportiva fue más cántabra que nunca. De la Montaña vinieron al Bierzo un entrenador que ya no está, un futbolista que empezó fortísimo como Portilla, y en el mercado invernal llegó Platero, que todavía no acaba de lucirse. Junto a ellos arribó un futbolista de traca, un pistolero letal en los terrenos de juego, un vaquero solitario que siembra el pánico entre las defensas y cuya carrera ha sido tan vertiginosa como su juego.

    A este futbolista le llamaban Valle aquellos que lo vieron debutar en Primera División a los 18 años. Fue el más rápido del lugar en acceder a la fama. Antes de militar en la primera plantilla del Racing ya hacía mucho tiempo que su nombre “sonaba” en el mundillo del fútbol, pues había deslumbrado con sólo once años en un torneo de alevines en los campos de Brunete, siendo designado mejor jugador superando en el ranking a Andrés Iniesta y despertando incluso el interés de equipos como el Ajax o el Barcelona. “Jonathan”, que era su nombre, quiere decir “regalo de Dios”, y las maneras del rubio jugador hicieron pensar a la sufrida afición del conjunto santanderino que con los años el pequeño y rubio chavalín llegaría a convertirse en un ídolo.

    Pero tantas esperanzas canalizadas hacia alguien tan joven casi terminan por ahogar a Valle, que se desahogaba con actividades que poco tenían que ver con el fútbol, aunque sí con su corta edad. Cuentan que fue detenido por conducir sin carnet y que fue visto demasiadas veces en locales de copas. “Johnny” Valle recibió el golpe de la crítica, ganándose la fama de “niño malo”, y entre tanto golpe bajo de la vida llegó hasta a meditar la posibilidad de dejar el fútbol y hacerse boxeador. Le iba la pelea y en las cinco temporadas que jugó en el Racing en la máxima categoría dejó destellos de la suya, que también es máxima. Pero su rendimiento no fue el esperado y técnicos y aficionados se cansaron de esperar. Los que antes le idolatraban lo quisieron enterrar, algo prematuro tratándose de un chico de 24 años. A veces en la vida es mejor ceder ante el empuje de los acontecimientos y la vía de la cesión fue una solución a un problema.

    Las estrellas crecientes de Ángel Viadero –hoy ofuscada- y de la Deportiva Ponferradina –que aún resplandece en el firmamento oscuro de la 2ª B-, se aunaron para que la estrella periclitante de Jonathan Valle recalase en verano en el valle del Bierzo. Era una oportunidad para encontrarse a sí mismo y reencontrarse con su mejor juego, un paso atrás para coger impulso, recobrando el crédito perdido. El futbolista se casó para formar familia y se cortó el pelo para que su cabeza pudiera pensar reposadamente. La ecuación era sencilla: si volvía a ser un futbolista importante, si lograba ascender con la Ponferradina, posiblemente las puertas de algún equipo de superior categoría (¿por qué no el Racing?) volvieran a abrirse para él.

    Fue así como descubrimos a Johnny Valle, un hombre que nunca dejó de ser un genio y una figura…y también una figura con genio. Es el futbolista más tarjeteado y más expulsado del equipo blanquiazul. Alguien al que a veces las repetidas patadas y provocaciones de sus marcadores encienden su ira hasta estallar con acciones rayanas con la violencia, evidentemente fruto de una locura pasajera. Es un furor que Valle intenta dominar, como quien lidia constantemente frente a una salvaje fuerza interior cuyo predominio supone “perderse” irremisiblemente. Esa es la parte menos buena del “enfant terrible”, quizá inevitable tratándose de un jugador vivaz, eléctrico y pasional. Para lo bueno y para lo malo, un luchador.

    La parte buena lo convierte en un jugador espectacular y mortífero en ataque, seguramente el mejor futbolista de la categoría con diferencia. Su hambre de éxito es manifiesta, ahora que se afana con ahínco en remontar el vuelo cazando presas que antes para él hubiesen sido menores. Valle juega al primer toque o domina el cuero, toca de espuela o encara al contrario, amaga o regatea. Y nunca deja indiferente a nadie. En ocasiones parece que Johnny se ajustase un imaginario sombrero de cowboy momentos antes de enfundar el balón en sus pies, iniciando acto seguido un rapidísimo zig-zag hacia la portería: es el gran “slalom” del lejano Noroeste, la marca de la casa del pistolero Valle. Las pistolas de Johnny Valle hicieron puntería ya 11 veces y dejaron varias tardes gloria para los bercianos, sedientos de fútbol y victorias. Él se pone las botas con las botas puestas. Su fina zurda aturdió defensas, alucinó seguidores e hizo añicos porterías rivales. Su última hazaña ha sido derribar prácticamente él solo la muralla del Lugo con tres mazazos, haciendo olímpico el estadio Anxo Carro, tras lo cual los defensas lucenses, llenos de venganza y rencor, clavaron en la puerta de la catedral una escueta nota con su foto que ponía “Se busca”. De un tiempo a esta parte el pequeño pero matón Valle, con sus botas de fuego y su fútbol de ensueño, se echó el equipo a sus magras pero curtidas espaldas. Recuperamos su presencia cuando más lo necesitábamos. Con él inspirado “la Ponfe” irá como un tiro, porque son muchos tiros los que Johnny guarda en la recámara de sus pistolas y el fusil de su pierna izquierda, arma de precisión que el cántabro maneja como un virtuoso.

    Vuelve Valle, tiemblan los defensas. Ahora que se retira Clint Eastwood como actor por lo menos quedan las acciones legendarias de J. Valle, otro luchador con clase. No podemos saber si volverá a jugar en Primera División, pero sus ganas son tan grandes que igual lleva a la Deportiva a Segunda con su impulso, que es el de los espíritus indomables.

No viene Maradona

Este año la Deportiva soportó bien la Copa y, en pie tras tres eliminatorias, nos brinda otra ronda de buen grado delante de uno de los equipos más añejos de Primera División, la segunda liga más importante de España –la más importante para nosotros es en la que juega la Ponferradina, evidentemente-. Nos salió de las bolas (del sorteo, no piensen mal) el Sevilla FC, escuadra que recientemente nos hizo vibrar con sus gestas europeas y que hace un tiempo ya visitó El Bierzo.

Hace 16 años Sociedad Deportiva Ponferradina y Sevilla también coincidieron en la Copa del Rey. Todos éramos tan jóvenes que algunos, como El Toralín, ni siquiera eran un proyecto. Uno, que ya peina canas, recuerda ser un canijo repeinado que observaba a unos críos como él que desconchaban el ajado yeso de la pared del Estadio de Fuentesnuevas, tratando de escribir todos y cada uno de los nombres de los jugadores que componían la alineación sevillista. Allí estaban los Martagón, Losada, Rafa Paz, Jiménez, Conte, Simeone o Súker –que no jugó, pero dejó muestras de su zurda de seda en el descanso y las interrupciones-. A ese grupo de chavales sólo les faltaron tres nombres por anotar, y tres fueron precisamente los goles que nos endosó aquel día el club de Nervión. Ha llovido mucho desde entonces –especialmente aquél 4 de noviembre de 1992-. Pasa el momento y quedan las sensaciones: de aquel encuentro la sensación principal que recuerdo es la de pérdida, la pérdida de la oportunidad de ver frente a la Ponfe a uno de los mejores jugadores de fútbol de todos los tiempos.

Ni siquiera el cartel de Medellín fue tan fraudulento como aquél en el que se veía la imagen de Maradona asociada al siguiente choque de la Deportiva. La ciudad y la comarca entera se agitaron desde que el Sevilla de Maradona le cupo en suerte a la Ponfe en la copa. Se dice que muchos niños se gestaron aquellas noches de ilusión y espera, en parte porque los que no tenían hijos querían tenerlos para poder decirles que un día vieron al astro argentino jugar en Fuentesnuevas. Pero Diego Armando nos dejó esperando y al final no vino. Nadie pudo agasajar en El Bierzo al amigo de Luis del Olmo, ningún directivo estrechó la “mano de Dios” que vengó el desastre de las Malvinas, el “barrilete cósmico” no se comió el botillo, y nadie pudo rendir pleitesía al Virrey de Nápoles. Pudiera ser que las torretas de la luz del antiguo estadio deportivista se apagaran tras quedarse sin fuerza eléctrica cuando las almas de todos los espectadores se vinieron abajo al conocer definitivamente que el argentino no vendría ese día a Ponferrada. Ni ese ni ningún otro.

Maradona no jugó en El Bierzo el fastuoso año de 1992; no se sumó a la fiesta que había sido preparada en su honor. Maradona no invitó a bailar al policía Flórez, que no pudo contener sus escarceos cerca del pico de la peligrosa raya blanca del área; ni tampoco invitó a cantar ningún tango al “flaco” Javi Delgado –el “Tango”, ese balón con el que hizo goles maravillosos a finales de los 70, dándose a conocer en el mundo-.  Sí que estuvo en el partido de vuelta disputado en el Sánchez Pizjuan, que tuvo su pizca de gracia porque los jugadores blanquiazules llevaron sus cámaras de fotos para retratarse con “el pelusa” y el añorado Milocho fue ovacionado cada vez que saltó al césped para atender a algún jugador.

Ni estuvo aquel día Maradona ni estará esta vez Kanouté, salvando las distancias, otro nombre que se las trae. Pero estarán otros y nosotros les estaremos viendo. El miércoles 29 de octubre del corriente año 2008 acudiremos para presenciar en directo una fiesta deportiva, midiendo fuerzas con uno de los equipos hoy por hoy más grandes de España. Y luego, dentro de muchos años, recordaremos algunos detalles de este partido tan especial. La Ponferradina no tiene que ganar esta vez: bastará con que los jugadores se esfuercen al máximo y luchen por los colores y por los aficionados, quienes, por muy tristes que salgan si al final se pierde por un resultado abultado, tendrán al menos la seguridad de que, ahora que Ponferrada es la flamante “Ciudad de la Energía”, ya no se apagarán los focos ni faltará potencia eléctrica.

¡Aúpa Deportiva!

Goles caidos del Cielo

Entre septiembre y octubre se recoge la uva en El Bierzo; el acontecimiento es buena excusa para evocar un tiempo en el que más del 90 % de la actividad económica de la comarca dependía de la agricultura –hace unos cien años-. En aquella época labradores y jornaleros miraban el cielo cada mañana esperando algún signo positivo, habida cuenta de que el régimen de precipitaciones determinaba las buenas o las malas cosechas. En los tiempos que corren se ha perdido la costumbre de mirar el cielo, y no porque hayan dejado de caer cosas buenas de él.

Del cielo cayeron hasta goles para la Ponferradina. En junio de 2006 el equipo superó la eliminatoria de play-off contra la Universidad de Las Palmas tras dos partidos dramáticos y muy disputados en los que los cinco goles blanquiazules -tres en el primer partido, dos en el segundo- fueron excepcionales. Muchos aficionados tienen esos “cinco golitos” bien guardados en la memoria. Los tres de Asier Salcedo constituyen un muestrario del buen golpeo de balón, siendo el tercero de ellos una oda “al buen pase” gracias a una diablura angelical de Diego Ribera. Aunque tal vez no fueran mejores, hablemos ahora de los otros dos.

En Ponferrada se recuerda tanto el gol de Chupri contra el Universidad, como los culés recuerdan “el de Ronaldo contra el Compostela”. Lateral bravío y abnegado, el palentino no podía soñar con hacer lo que hizo en un partido tan importante. Tras estar interrumpida durante veinte minutos, la loca segunda mitad del primer encuentro de la fase de Ascenso se reanudó con un saque de banda cerca de la línea divisoria de ambos campos, aparentemente una zona neutral. Hubiese sido una jugada intrascendente en cualquier otro partido…menos en ese. Chupri sacó de banda y recibió una devolución no muy acertada por parte de un compañero, de tal forma que, dado que su situación era algo forzada, pensó en golpear el balón con fuerza para alejar el peligro (y si no lo pensó por lo menos así lo hizo). Ante el despeje unos dijeron “¡Fuera!”, otros “¡Bumba!” y otros siguieron con la boca abierta y los ojos como platos la trayectoria de ese balón, empujándolo con la mirada mientras el portero contrario, llamado Moisés, reculaba torpemente sobre sus pasos intentando en vano impedir lo que medio segundo antes parecía imposible. Y el gol cayó del cielo y en El Toralín ya no supimos si mirar el balón, el cielo o al portero derrotado que lamentaba su mala suerte. Aún hoy se especula en Gran Canaria con la posibilidad de que Moisés fuese empujado por alguien (o algo) o que las luces se apagaran unas milésimas de segundo para desestabilizarle mientras el balón surcaba la noche berciana. En verdad ese día lo pasamos chupri con el juego de magia que hizo el lateral derecho, pues Chupri conjuró el peligro tan bien que no sólo lo alejó del portal de Rubio sino que lo trasladó al portal contrario. Un gol antológico.

Otro gol para la historia se produjo en el segundo partido de la accidentada eliminatoria. Con empate a uno en el marcador y escasos minutos para la conclusión, el equipo canario hostigaba a los blanquiazules en un asedio interminable buscando el gol que les clasificase. La cabeza del atacante Paulino no tuvo suerte; una pelota rematada por ella se estrelló contra el larguero, y mientras el ex culturalista se lamentaba el joven Kevin Debrís se deshizo del balón como pudo. Y en esta ocasión volvió a caer una bendición del cielo. Con el despeje del galo se inició la galopada de Ramón Pereira, que había vuelto a la Deportiva para jugar partidos como ése (o sólo ese partido, no sabemos bien). El caso es que Pereira cogió aire, apretó los dientes, y casi sin levantar la cabeza del cuero se plantó tras una carrera soberbia en el área pequeña rival, y ya que estaba allí chutó a puerta, marcó gol y luego corrió a celebrarlo con la hinchada berciana mientras la desolación se apoderaba de la defensa grancanaria -¿quién no recuerda el rostro del pobre Ojeda, lleno de rabia?-. El gol de Pereira fue el “casus belli” de un conato de guerra civil, pero afortunadamente el partido sólo fue suspendido unos minutos (tal y como había sucedido en el partido de ida). Fue un golazo que también cayó del cielo porque, como aquel otro de Chupri, nadie lo esperaba y vino a mantener el sueño de un ascenso que finalmente terminaría llegando.

Este miércoles otoñal vuelve a haber un Ponferradina-Universidad de Las Palmas en El Toralín. La eliminatoria en esta ocasión es de copa. El aficionado al que no le guste sufrir no debería ir; ahora bien, advertimos que, caso de ausentarse, lo pagará muy caro porque corre el riesgo de perderse los prodigios que nos depare un partido que aúna el aroma copero con las emociones sin tregua de estos partidos contra la Universidad de las Palmas.

¡Pide a la Virgen que ascienda!

  La Deportiva se trajo de Alicante un condenado resultado que no la condena definitivamente pero sí la obliga a exprimir hasta el límite de sus fuerzas toda la capacidad futbolística que pueda ofrecer. Sobre el césped del Rico Pérez, de tan grato recuerdo, los aficionados alicantinos dieron rienda suelta a su alegría pensando que esta vez sí que su equipo promocionaría a la división superior. Olvidaron que no se cambia de categoría de la noche a la mañana y tampoco tuvieron en cuenta que aún restaban por disputarse noventa minutos en un escenario de leyenda, El Toralín de Ponferrada.

   Ponferrada rima con remontada de la misma manera que “Alicante, Cultural de Levante”. Una afición que año tras año contempla lo difícil que es cumplir el objetivo más buscado debería saber que el tiempo que dura un partido de fútbol es como una vida en miniatura en la que todo puede pasar, y que sólo cuando tu equipo ha ascendido es momento de encender la mecha de los fuegos artificiales. En Ponferrada lo sabemos desde que un jugador con nombre bíblico, Esaú, nos apeó de otro play off luctuoso, a las primeras de cambio y cuando menos lo esperábamos. Conocedor de la extrema dificultad que entraña la empresa de la remontada pero sabiendo que no es imposible, el entorno blanquiazul se encomienda a las fuerzas sobrenaturales para conjurar el sombrío panorama este 15 de junio de 2008.

   La Virgen de la Encina fue coronada patrona de El Bierzo hace cien años. La Morenica está siendo llevada en procesión por todos los municipios bercianos para que los hijos de esta bendita comarca le rindan tributo y pleitesía. Aún no está prevista su llegada a la capital, pero quizá convendría traerla urgentemente no ya a la ciudad sino a la Ponferradina misma para que nos ayudase a conseguir un ascenso que cabría calificar como milagroso. A ella apelamos hace un bienio y su mano bondadosa se posó en Fran para imponernos a un equipo que ahora cuenta nuevamente con el tiempo y el marcador a su favor.

   En aquella ocasión hacía falta un gol pero actualmente harán falta tres como mínimo, de tal forma que se antoja necesario invocar también a la Virgen de la Aquiana, semidesconocida protectora que siempre mima El Bierzo desde su cumbre mítica y perfecta, montaña que ya era una deidad antes de que el Cristianismo calase en estos pagos. En realidad, la Virgen de la Aquiana, hermana de la de la Encina, ha presidido y seguirá presidiendo todos los partidos de la Ponferradina desde su palco, unas veces cubierto de nieve y otras de un verde que con solo mirarlo sirve para devolver la esperanza al más pesimista. Así pues, os pedimos, Ilustres Señoras nuestras, que con vuestra inmensa magnanimidad nos hagáis levitar de categoría y en compensación os ofreceremos devoción y respeto eterno.

   Aparte de las Vírgenes de la Encina y de la Aquiana (o Quiana, o Guiana… ¡o Gana!) todavía podemos encontrar en el santoral mayor protección extraterrena. Porque para santos futbolísticos nada mejor que el SANTO RALÍN, bajo cuya advocación se halla el coliseo berciano. Realmente es inescrutable lo que hay dentro de un Santo.  Dentro del nuestro nos consta que acontecieron ya bastantes desgracias, como un frustrado ascenso, una eliminación “copera” con un gol desde medio del campo, o una lenta agonía intentando sin éxito no descender. Dentro de él hemos vivido momentos maravillosos en las últimas cuatro temporadas, con remontadas imposibles y goles al borde de la conclusión de encuentros de máxima intensidad. Y dentro de él, damas y caballeros, el próximo domingo el club y los aficionados tenemos de nuevo una cita con la historia porque, aunque por supuesto remontar un dos a cero ante una solvente defensa no es “correr y cantar”, aún estamos dentro de la pelea por un sueño al que ni siquiera un adverso cinco a cero nos hubiera hecho renunciar. Le pedimos por ende a San Toralín que nos eche ahora una manita en este trance de necesidad.

   Se acerca el día de San Juan y por eso la cosa está que arde. “Por San Toralín aprieta el fortín”. El domingo una gran hoguera, una caldera humana colosal se avivará en el teatro de los sueños. Y es que la hoya berciana tiene su olla futbolística. Claro que quien juega con fuego evidentemente corre el peligro de quemarse. Pero si al final nos quemamos que nadie tenga que decir que no puso en el fragor de un choque vibrante, siempre con educación y civismo pleno, todo el fuego de la pasión blanquiazul que nos consume y nos reconforta.

   Si entre las personas que este texto leyeren hubiese algún ateo a prueba de santos, que no desespere porque tampoco está todo perdido. Siempre nos quedará De Paula, otro santo varón.